FRENCH GP

Albert Arenas y Francia, 365 días después

El piloto del Ángel Nieto Team consiguió el triunfo en un gran premio histórico, que terminó con doblete para el equipo español, hace ahora 365 días

 

El 20 de mayo tiene un sabor especial para Albert Arenas. El piloto del Sama Qatar Ángel Nieto Team está de aniversario. Tal día como hoy, hace ahora un año, conseguía su primera victoria en el Mundial, en un gran premio loco, inexplicable, lleno de incidentes y que terminó con el Ángel Nieto Team en lo más alto del podio. Bueno, en lo más alto, y en el segundo escalón, porque Andrea Migno completó un histórico doblete que catapultó al Ángel Nieto Team en la clasificación por equipos hasta las posiciones de cabeza.

 

Si se le pide que resuma en sensaciones aquel 20 de mayo de 2018, Arenas se lo piensa, revive esos momentos, los repasa… para definir aquella jornada como “de satisfacción, de felicidad, de una sensación parecida al alivio y de mucha energía”.

 

Había visualizado ese momento durante tanto tiempo, que cuando lo tuve en mis manos pensé ‘por fin, lo estoy sintiendo, esto es real’. No fue algo que me pareciera extraño, me resultó bastante familiar. Estaba viviendo el momento y me parecía conocido. Lo había imaginado así, y estaba sucediendo así.

 

En el momento en el que empiezas a entender que has ganado, te acuerdas de todo lo que te ha llevado hasta aquí, de lo que has luchado por conseguir un resultado así. Y ves que ha valido la pena. Lo que más me gustó fue la sensación de ganar en sí. Pero una vez asimilado, tenía ganas de volver a sentirlo, de volver a repetirlo”.

 

En el buen camino

Arenas llegó a lo más alto del podio después de haber sido quinto en el entrenamiento cronometrado y sexto en el warm up, en un fin de semana en el que cambió su mentalidad de trabajo y su forma de afrontar las diferentes sesiones de un fin de semana.

 

 “Siempre piensas en que puedes ganar. Partía quinto, en un circuito que conocía bien. Iba a ser difícil, pero siempre se sueña con conseguir una victoria. El propio desarrollo de la carrera fue lo que me hizo conseguirlo. Di lo mejor de mí durante toda la prueba y llegué a la última vuelta en la cuarta posición sin haber cometido un solo fallo. Ser cuarto, hasta ese momento, hasta la última vuelta, habría sido un súper resultado después de un gran premio muy luchado.

 

Cuando pasé por meta lo hice segundo, después de que se cayeran el segundo y el tercero, igual, sin cometer un error. Si hubiese ido a por la victoria desde el primer momento o hubiese rodado por encima de mis posibilidades, en vez de llegar cuarto a esa última vuelta, podría haberme caído. Pero no, llegué segundo a meta. No me lo creía, por fin había conseguido mi primer podio en el Mundial. Empecé a gritar dentro del casco por la euforia. ‘¡SI! ¡Vamos! ¡Por fin!’. Pero al llegar al corralito, y ver que estaba primero… es indescriptible. Me di cuenta de que había ganado al acercarme por el pit lane, cuando vi de lejos a mis mecánicos en la primera posición y pensé que se habían equivocado. ¡Que yo había sido segundo! A medida que me fui acercando, fui consciente de que iba directo al uno. Que la victoria era mía. Después de un 2017 duro, estábamos en el buen camino”.

 

Cambio de mentalidad

La de Australia, mi segunda victoria en el Mundial, fue mucho más significativa para mí como piloto. Pero después del triunfo de Francia cambiaron algunas cosas. La relación con el equipo, por ejemplo, es diferente. Hay un cambio de ‘chip’ en todos los aspectos, a la hora de afrontar las carreras las afrontas igual, con el mismo método, pero ya no eres uno más: eres un piloto ganador, un piloto rápido, un piloto que hay que tener en cuenta. Confías más en tu moto, en tu manera de ponerla a punto. Has conseguido una moto ganadora, es lo que no te hace dudar a la hora de correr.

 

Fue importante llevarlo bien, porque te puedes sobrepresionar si enseguida quieres conseguir otra. Según cómo afrontes las carreras, puedes ser tu mayor amigo o tu mayor enemigo”.